jueves, 20 de agosto de 2015

¿Un café?

 Voy a enseñarme un rato. Permanecer atento a lo que tenga que decirme. Me hablaré de ti y tus cosas extraordinarias; del futuro que nos espera a falta de presente y de lo guapa que estás desde ahora mismo, por mucho que no tenga la suerte de conocerte. Ya te estoy viendo desde la primera cita: un restaurante con manteles blancos y olor a secretos de los de negra tinta y membrete a juego; sombras en tus ojos cuando me los cuentas en el segundo plato y luces al escucharte mientras nos servimos el resto del vino. No queremos que llegue el postre a endulzar las heridas, así que tomamos café. Y no paras de hablar de cómo te va, y de lo difícil que ha sido, justo hasta ese momento. Y yo escucho, escucho y disfruto, y acabo derritiéndome como la vela que acabas de encender en mi corazón.

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