jueves, 20 de agosto de 2015

¿Un café?

 Voy a enseñarme un rato. Permanecer atento a lo que tenga que decirme. Me hablaré de ti y tus cosas extraordinarias; del futuro que nos espera a falta de presente y de lo guapa que estás desde ahora mismo, por mucho que no tenga la suerte de conocerte. Ya te estoy viendo desde la primera cita: un restaurante con manteles blancos y olor a secretos de los de negra tinta y membrete a juego; sombras en tus ojos cuando me los cuentas en el segundo plato y luces al escucharte mientras nos servimos el resto del vino. No queremos que llegue el postre a endulzar las heridas, así que tomamos café. Y no paras de hablar de cómo te va, y de lo difícil que ha sido, justo hasta ese momento. Y yo escucho, escucho y disfruto, y acabo derritiéndome como la vela que acabas de encender en mi corazón.

martes, 18 de agosto de 2015

Dilema universal..

Menudo dilema: guardar los puntos de inflexión a puerta cerrada, o dejarlos que gateen por la habitación, dejando la alfombra llena de pelos. Los puntos esos me recuerdan una historia a saltos, con grandes expectativas, con mínimas interpretaciones; una canción con apenas estribillo, una música desgraciada cuyas notas bailan sin estridencias en una partitura plana. Y sin embargo, suenan. A pesar de ello, cuentan. Y es cada una de ellas las que, en conjunto, logran un movimiento único, casi imperceptible, que el tiempo ha convertido en una gigantesca ópera que amenaza -trágico destino- a los puntos de inflexión a no ser nada, más que la consecuencia inefable de lo pequeño: esos pelillos imposibles de limpiar que se esconden en la alfombra de mi habitación...

domingo, 9 de agosto de 2015

Post

Hoy el atardecer me ha sugerido el comienzo de un libro. He visto la luz intensa del crepúsculo; anaranjada, roja, violeta...y de repente me ha venido la idea genial en el último rayo de luz. como si algo me susurrara al oído que esta vez me tocaba a mí. Después de la gran idea, ha llegado el escepticismo en forma de noche cerrada, la duda con la primera estrella; el miedo a fracasar.

Decía que el atardecer me ha sugerido el comienzo de un libro, que ha fracasado al anochecer, justo antes de empezar a escribirlo. Yo creo que el final de las fantásticas ideas no es demasiado interesante, porque la gran mayoría quedan olvidadas en el inmenso océano de las buenas intenciones; ese lugar común donde todos nosotros tenemos nuestros deseos, y de vez en cuando resucitan, como el cadáver de un ahogado, haciéndonos olvidar por un momento que no hicimos absolutamente nada por llevarlos a cabo.

No hay duda que el atardecer me ha sugerido la brillante idea de este humilde post...