Extraordinarios Secretos
martes, 17 de noviembre de 2015
Hotel California
Al fondo un rasgueo de guitarra. Enfrente, la chimenea escucha absorta un DO sostenido; y no iría desencaminado si pienso que la copa de vino, -un verdejo fresco- también tiene mucho que decir esta noche. Hoy no pongo los ojos por nada ni por nadie. No abrazo, ni toco. No cae la lluvia fina en mis hombros ni el calor abriga mis pensamientos. Esta sensación es parecida a un hombre viejo que salda las cuentas de su rosario por cada vez que ha fallado a la vida. Entonces confío en los anaqueles llenos de fotografías con risas de niños, y en el sofá que me ha visto dormir a falta de compañía, y en el SI menor que no aparece en el cuadrante de la partitura; si hubiera un hilo conductor que se me escapa se parecería mucho a Dios; porque todo lo que soy y fui es un rasgueo de guitarra en el aire, en manos de un músico loco de amor que quiere tocar lo mejor de mí, por mucho que yo intente sonar como Hotel California....
jueves, 20 de agosto de 2015
¿Un café?
Voy a enseñarme un rato. Permanecer atento a lo que tenga que decirme. Me hablaré de ti y tus cosas extraordinarias; del futuro que nos espera a falta de presente y de lo guapa que estás desde ahora mismo, por mucho que no tenga la suerte de conocerte. Ya te estoy viendo desde la primera cita: un restaurante con manteles blancos y olor a secretos de los de negra tinta y membrete a juego; sombras en tus ojos cuando me los cuentas en el segundo plato y luces al escucharte mientras nos servimos el resto del vino. No queremos que llegue el postre a endulzar las heridas, así que tomamos café. Y no paras de hablar de cómo te va, y de lo difícil que ha sido, justo hasta ese momento. Y yo escucho, escucho y disfruto, y acabo derritiéndome como la vela que acabas de encender en mi corazón.
martes, 18 de agosto de 2015
Dilema universal..
Menudo dilema: guardar los puntos de inflexión a puerta cerrada, o dejarlos que gateen por la habitación, dejando la alfombra llena de pelos. Los puntos esos me recuerdan una historia a saltos, con grandes expectativas, con mínimas interpretaciones; una canción con apenas estribillo, una música desgraciada cuyas notas bailan sin estridencias en una partitura plana. Y sin embargo, suenan. A pesar de ello, cuentan. Y es cada una de ellas las que, en conjunto, logran un movimiento único, casi imperceptible, que el tiempo ha convertido en una gigantesca ópera que amenaza -trágico destino- a los puntos de inflexión a no ser nada, más que la consecuencia inefable de lo pequeño: esos pelillos imposibles de limpiar que se esconden en la alfombra de mi habitación...
domingo, 9 de agosto de 2015
Post
Hoy el atardecer me ha sugerido el comienzo de un libro. He visto la luz intensa del crepúsculo; anaranjada, roja, violeta...y de repente me ha venido la idea genial en el último rayo de luz. como si algo me susurrara al oído que esta vez me tocaba a mí. Después de la gran idea, ha llegado el escepticismo en forma de noche cerrada, la duda con la primera estrella; el miedo a fracasar.
Decía que el atardecer me ha sugerido el comienzo de un libro, que ha fracasado al anochecer, justo antes de empezar a escribirlo. Yo creo que el final de las fantásticas ideas no es demasiado interesante, porque la gran mayoría quedan olvidadas en el inmenso océano de las buenas intenciones; ese lugar común donde todos nosotros tenemos nuestros deseos, y de vez en cuando resucitan, como el cadáver de un ahogado, haciéndonos olvidar por un momento que no hicimos absolutamente nada por llevarlos a cabo.
No hay duda que el atardecer me ha sugerido la brillante idea de este humilde post...
Decía que el atardecer me ha sugerido el comienzo de un libro, que ha fracasado al anochecer, justo antes de empezar a escribirlo. Yo creo que el final de las fantásticas ideas no es demasiado interesante, porque la gran mayoría quedan olvidadas en el inmenso océano de las buenas intenciones; ese lugar común donde todos nosotros tenemos nuestros deseos, y de vez en cuando resucitan, como el cadáver de un ahogado, haciéndonos olvidar por un momento que no hicimos absolutamente nada por llevarlos a cabo.
No hay duda que el atardecer me ha sugerido la brillante idea de este humilde post...
jueves, 2 de julio de 2015
El jarrón
El problema es que, una vez las flores fueron tallos y hojas secas, y luego polvo, ceniza para el olvido, no sabía qué hacer con el jarrón vacío. De repente, el hueco que dejaron me pareció infinito, y estuve a punto de arrojarlo también a la basura, harto de sombras, porque se me antojaba imposible una segunda oportunidad. Un jarrón sin flores no tiene sentido. Se vuelve recipiente en cuanto te descuidas, y lo mismo te da rellenarlo de cachivaches que de bolígrafos muertos, como si fuera un cenicero apartado en la esquina del escritorio. Cambia de lugar gracias al extraordinario movimiento de las cosas inanimadas. Se vuelve un objeto vulgar, ajeno a su propósito verdadero. Pierde la dignidad en un arrebato de tristeza.
Así que recuperarlo lleva tiempo. Requiere interés y observación; a veces asombro ante la sucesión de hechos consumados. Limpieza. Un paño cariñoso que le quite las telarañas y un nuevo lugar en el alféizar de la ventana. Agua tibia. Luz del sol.
Y unas nuevas flores para cuidar que resistan con alegría la costumbre de los días, la rutina fantástica del amor.
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